"I'm going down in flames for you,
baby, you are the weapon I choose.
These wounds are self inflicted,
one more thing I'm addicted to."
Katy Perry - Self inflicted
-o-o-o-o-o-
Soy una puta loca. Me he (han) convertido en una jodida desquiciada. Ya hasta preparo las entradas en el trabajo, en un folio, y las guardo de recuerdo una vez publicadas. Aunque a mi favor he de decir que esto se debe a que la inspiración me asaltó de noche y me he prometido a mí misma no alterarme el sueño, no levantarme a escribir, a buscar la libreta si ese día no la he dejado bajo la cama, al alcance de la mano. Si la idea sigue rondándome por la mañana, merecerá la pena deleitarme con ella hasta que pueda ponerme frente al papel o frente al teclado para dejarla plasmada. Bueno, deleitarme... y torturarme. Sobre todo lo segundo, porque últimamente parece que sólo escribo desde el dolor, que sólo me inspira el sufrimiento. Pero creo que con el tiempo este ejercicio de llanto-escritura se ha ido convirtiendo en uno de mis mejores desahogos y canalizar en forma de palabras toda la mierda que llevo dentro me ayuda a ordenarme, a purgarme.
Ahora mismo estoy cansada. Físicamente. Es enfermizo curioso como paso de un estado de ánimo a otro con tanta facilidad. Será que no me pasa como al agua y mi calor específico y mi entalpía de vaporización son muy bajos y no necesito que me apliquen mucha temperatura para licuarme o entrar en ebullición. Decía que ahora estoy físicamente cansada. Anoche después de ducharme y cenar estaba genial, animada, con nuevas (o viejas renovadas) esperanzas. Cuando me acosté estaba desecha, los ojos licuados en lágrimas y la cabeza en terrible ebullición. Al levantarme estaba cansada emocionalmente, los sueños, como siempre, no habían ayudado. En el trabajo no he tenido tiempo para pensar y lo máximo a lo que ha llegado mi cabeza ha sido a reproducir a trozos la canción que abre este post y el inicio del mismo. He estado súper activa físicamente, he batido el récord de personas atendidas en un día y eso ha mantenido en un segundo plano a todo el tumulto hirviente de mi cabeza. El resto del día lo he dedicado a otra gente para no dedicarme a mí misma. He cuidado a mi sobrina de dos añitos mientras mi prima pintaba su casa. He ayudado a mis padres a prepararse para celebrar su vigésimo sexto aniversario de bodas. He hecho de ama de casa, dando de cenar a mi hermano y a mi abuela, cocinando unos raviolis de paquete estupendos.
Y ahora estoy aquí, escribiendo. Cansada. Físicamente. Con las rodillas a reventar de luxaciones y pensamientos. Con la espalda crujiendo sentimientos. Y al no estar en acción mi cuerpo es cuando regresa a un primer plano la mente. Y vuelta a empezar en este ciclo (auto)destructivo que es la montaña rusa de mis adentros. Fui yo la que decidió subirse a la atracción, sí. Lo malo es que ahora no estoy segura de si puedo, sé o quiero bajarme.
Besos con marca.
























