Caravana hasta la playa cantando y bailando al ritmo de una radio que pierde señal conforme nos vamos alejando de la ciudad. Los últimos días antes de que llegue esa visita que tanto esperas, con los nervios haciendo de las suyas y la ilusión compitiendo con tu sudor para salirte por los poros. Comprar cigarros a cinco duros cada uno y hacer como que fumabais en aquel paraje raro, cruzando peligrosamente la autopista, con la adrenalina golpeándoos las sienes. Leer en el balcón con los pies colgando, el culo fresquito y el falso sauce llorón más quieto que nunca. Vacaciones Santillana y un workbook de Matemáticas que hicimos al borde de tu cama de Punta, ésa donde violaste nuestra amistad y ya nunca volvió a ser lo que era. Fango hasta las rodillas huyendo de cangrejos y convencionalismos. Carreteras que podrías conducir a ciegas después de tres años de hacer todos los días lo mismo. El Mundial. Fruta fresca. La Baticao. No dormir si no te tapas y no dormir si tienes calor porque te has tapado, porque así eres tú: pura contradicción. Tardes que se nos hacen noches que se nos van de las manos. Volver a casa haciendo autoestop, rompiendo por el camino tres o cuatro corazones que antes te habías ganado a puñetazos. No saber dónde se ponen "las largas" en el coche que acabas de aprender a conducir. Almuerzo y helado gratis en una casa en la que es muy difícil saber de qué color son las paredes, pero que te da igual porque la mujer de tu vida, aunque tú no lo sepas, está sentada a tu derecha. Convertir la estación en nuestro punto de encuentro. Operación parte de abajo del bikini. Adivinar nombres bajo el agua y acurrucarte a tus primos recién descubiertos para ver una lluvia de estrellas tumbados en la arena. Maratones: de series, de besos, de despedidas. Moratones: de fútbol, de machos, de amor. Volar a otro país y seguir la estela. Blanco, rojo, marrón, muda y vuelta a empezar. Algo así como tener un novio y que te pidan permiso para salir con él. Conciertos, desconciertos y recitales musicales, siempre mejor con un mojito en la mano y el océano de frente si miras a poniente. Quedar entre el quiosco y la pirámide y que te echen por primera y única vez de una discoteca. Todos contra el fuego pero tú, ardiendo, sólo sabes apagarte si te metes bajo el agua tapándote la nariz.
Buscar la concha más bonita de la playa para mandártela.
Y que se rompa.
Que todo se rompa.
Besos con marca.
Y arena y algas.
Y arena y algas.
















