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4 de abril de 2010

2:07

Tambores y cornetas.
Arreglarse sin tener arreglo.
Comer fuera de casa.
Trabajar por amor al arte.
Desconectar.
Agudizar la mirada tras las gafas de sol.
Buscar gente entre más gente.
Fingir tantas cosas.
Presunción de inocencia.
Un coche verde color bilis.
Un montadito de anchoas y queso que no tiene queso.

Ahora frío, ahora no.
Ahora veo, ahora no.

Semana Santa.
Semana Puta.

¿Tú? No.
¿Ella? Tampoco.
¿Yo? A ratos.

3-IV-2010

30 de marzo de 2010

De vacunas, radiografías y pomporrillas. Parte III: La "pomporrilla".

Escribo este post sentada en una tumbona en la playa mientras me bronceo al sol.


[...]


Y un carajo pa mí, vaya tiempo de mierda... Yo que después de haber visto el tiempo que hizo estos días anteriores quería irme un rato hoy a la playa a empezar a coger sol... (conste que escribí esta entrada al mediodía) Y se me pone a llover el pleno Lunes Santo, jodiéndome el rato que me iba a ir a echar a la playa y poniendo en peligro la salida del único paso que pasa, valga la redundancia, por delante de mi balcón...

Bueeeeno, donde me quedé el otro día... Ah, sí, contando anécdotas de las sesiones de EpS... No sé si porque hasta entonces solo había dado las charlas sobre trastornos alimenticios o qué (que son bastante monótonas, teóricas y feas), pero las sesiones de esta semana pasada me encantaron. Tanto las de hábitos nocivos (drogas en general) o las de Sexualidad, que como es el tema que a mí me encanta, pues aún ayuda más a que me guste lo que estoy haciendo...


Es en estas charlas donde los chavales tienen más dudas, hacen más el gamba y se viven los momentos más cachondos, nunca mejor dicho. Ya me ha pasado un par de veces que me he tenido que dar la vuelta y serenarme un poco para no descojonarme de cara a los niños, aunque otras veces sí que nos reímos abiertamente con ellos y la verdad es que desde los institutos están dando muy buenas referencias de la pareja que formamos mi compañera y yo, así que estoy muy, muy contenta.


En la primera sesión de Sexualidad, nos tocó un grupo de 2º de la ESO. Todos por lo general eran muy aniñados, menos un par o tres que se veían algo mayores, presumo que por haber repetido curso. Era un grupo bastante heterogéneo, aunque las niñas hicieron más o menos piña y apenas abrían la boca. Una de ellas llegó a decir que no conocía las partes de la anatomía reproductiva masculina porque eso a ella no le interesaba. Genial. Y otra que cuántos agujeros tenemos "las niñas" y que por dónde salen los niños y la regla. Awesome.


Los niños hablaban mucho más y los había de diferentes tipos. Estaban los muy infantiloides, con su timidez, su rubor y su poca participación... Y los había descarados y sobrehormonados, que no dejaban de levantar la mano para hacer preguntas y para hacer la gracia correspondiente. Preguntas de las que aunque supieran la respuesta, parecía que las formulaban esperando oír de nuestras bocas lo que teníamos que decir, no sé si porque aquello les excitaba o simplemente les divertía ver como dos chavalas hablaban sobre penes, vaginas o masturbación.


Niño: -"Maestra, ¿cómo se masturban las niñas? ¿Metiéndose el deíllo?"
Stella: -"Po po po poker face, po po poker face."♫


Una de las actividades que hacemos en la sesión de Sexualidad es hacerles rellenar o que vayan respondiendo con nosotros unas láminas con la anatomía de cada sexo. En el caso de este grupo del que os hablo, nosotras íbamos señalando en la lámina la parte que queríamos que nos nombrasen y ellos iban diciendo lo que creían que era. Aunque les pedíamos que levantasen la mano para pedir la palabra, eso se lo pasaban por el forro de los cojones (ahora uno me diría "el escroto", claro) y lo que hacían era levantar todos las manos a la vez y gritar lo que se les venía a la cabeza.


Escuchar llamar "polla", "nabo" o "cipote" a lo que esperábamos que llamasen pene, no era nada fuera de lo común. Los testículos estaba claro que serían "cojones", "huevos" o "pelotas". El glande era de esperar que se llamara "cabeza" o "capullo". Yo iba apuntando en la pizarra la palabra formal y las formas que ellos tenían de llamarlas, para que se quedasen con los nombres correctos. Pero mi cara de What the fuck? (es de mayor gravedad que la pokerface) llegó cuando al señalar el glande, el niño más revoltoso y graciosillo que teníamos en ese curso, un morenillo super lindo y con cara de gitanillo que se sentaba junto a otro que no logré descifrar si era morito o brasileño, gritó mientras levantaba la mano y casi se subía en la mesa para llamar la atención:


¡¡¡LA POMPORRILLA!!!


Sí, señores y señoritas. Lo que he estado nombrando todo este tiempo era la forma que tenía aquel pequeño de llamar al glande. Mi compañera y yo le preguntamos varias veces a conciencia que qué quería decir, porque yo creo que nos sonó tan raro que no nos lo podíamos creer. Así que ese día en la pizarra se quedó escrito algo así con mi letra:


GLANDE = "capullo" - "cabeza" - "la pomporrilla"


y yo mientras diciéndoles que no podían ir al médico a decirle que les dolía un cojón o que les picaba la pomporrilla...


Así que el premio gallifante queda desierto, pero he de hacer una mención especial a Carmen, que dijo que eran un tipo de hadas y por lo visto hay unas que se llaman así. (Lo prometido es duda, digo... deuda... =P)


Esta semana están de vacaciones y no tengo sesiones. Estoy cruzando los dedos para al fin poder ir a tomar un rato el sol a la playa. Estoy empaquetando dos pedidos de PhantastikPinkPlastik de los que me han ingresado el dinero y que pronto irán para sus dueñas. Tengo dos guardias más que hacer en Cruz Roja (espero que más moviditas que la primera, que ya contaré) y la visita de una chica que conocí en un foro, que va a pasar por Huelva durante sus vacaciones. Me quedan un par de Hermandades de Semana Santa que me gusta ver cada año, en determinados sitios estratégicos (ya sabéis que no me gustan los cambios) y tengo también en mente nuevas cositas para PhantastikPinkPlastik.


Al final me pasará como siempre, que nunca hago nada de lo que me propongo en las vacaciones... Quién sabe... Besos con marca.

9 de abril de 2009

Los jueves, mujeres. 9: La Virgen María (y José).

Desvelada. Las cinco de la mañana. Los pájaros cantan. Es Jueves Santo. He fumado un cigarro que le he quitado a mi madre y he bebido mucha agua porque el cigarro me ha dado asco. Ahora me duele el estómago y tengo náuseas. Creo que en cualquier momento podría vomitar sobre el teclado. Me he saltado la dieta y me siento asquerosa. Pero a la vez me gusta cómo me veo ahora mismo, me gustan las piernas que me hacen las mallas y me gusta ir de negro. Me gustan los músculos de mis brazos y el poco peso que llevo perdido. Y aún así, me sigo dando asco.

También me duelen los pies. He andado mucho hoy sobre unos tacones en un arranque de vanidad. Busco vanidad en la RAE porque no sé si el significado es apropiado para lo que quiero decir. Me siento la cara sucia porque algunas lágrimas han arrastrado maquillaje que debería haber quitado. Me siento sucio el pelo porque el fijador que intentaba crear un peinado esta tarde me lo deja duro. Me siento sucia en general porque me ha venido la regla cuando aún no me tocaba y la odio.

Miro fijamente la pantalla y se me nubla la vista. Puedo dejar la mente por unos instantes vacía. Es raro. Yo no sé dejar la mente en blanco. Pero por unas décimas de segundo soy capaz de conseguirlo, antes de que el sabor del cigarro vuelva.

No sé si ella habrá dejado de fumar, pero me imagino un beso suyo y creo que sabe a tabaco. Recuerdo haber ido con ella a comprar tabaco en una ocasión. Sentía el corazón palpitar fuerte contra mi pecho. Qué excitante y prohibido. Me sacó del instituto para hablar sin que nadie nos molestase y fuimos a un estanco que hay cerca. Desde entonces ese estanco me recuerda inevitablemente a ella.

Y el tabaco. Y los besos con sabor a cenicero. Y el instituto. Y la Semana Santa. Y el centro de Huelva. Y Huelva entera.

Y no consigo despegarme de los poros el olor de su pelo. Y si miro al frente sólo veo sus labios, que son tan finos que en otra mujer no me hubieran gustado. Y si me quedo en silencio sólo escucho su voz como si proviniera de los auriculares que llevo puestos y que están en silencio. Y me veo en esta tarde diciéndole que quiero irme de aquí. Y ella me anima. Y si me anima, yo me muero. Y hoy he muerto varias veces porque lo que quería oir era un "quédate conmigo" de su boca.

Porque cuando le dije que sólo una persona podría retenerme aquí, me refería a ella. Porque no era mi madre. Porque la habría empujado contra la puerta de esa tienda donde estaba y la habría besado. Y me la habría follado allí mismo, me la habría comido, si se hubiera dejado.

Pero ella me anima a que me vaya de aquí. Cuando le digo que me iría con la primera persona que me dijera que me va a llevar a un sitio nuevo, me refiero a ella. Pero ella me anima a que me vaya.

Y yo me voy. Le doy dos besos y algo parecido a un abrazo y empiezo a morir en el momento en el que, como tantas otras veces, me separo de ella. Y me pongo desde un sitio donde pueda verme por si se le ocurre lanzarme una mirada, yo no pueda perdérmela. Y no me mira. Y se me rompe el corazón un poco más con cada paso que avanza la procesión y cada minuto que pierdo de estar con ella.

Y me doy cuenta realmente de la envergadura de la mierda que es esta situación y de lo que tengo que hacer para que se acabe: IRME. Y además sé que ella me anima.

6 de abril de 2009

Highway To Hell

¿Por qué Semana? 
No dura justo siete días. 
¿Por qué Santa? 
Si es cuando a más putas juntas veo por la calle... 


En estos extraños días del año, 
cuando se aprecian aún más las diferencias: 
de dinero-poder, de pensamientos, 
de estilos, de ciencias y creencias; 
en estos días no sé qué hacer conmigo. 


Una mezcla heterogénea de sentimientos 
se me pega a los poros, todo me duele. 
Una despreocupación absoluta. Nada ya me importa. 
Simplemente me despojo de mí misma. 
Dejo sólo mi cara, mi cuerpo y mi par de piernas, 
que me lleven hasta donde la tradición o la novedad, 
la costumbre o la rebeldía, 
la sobriedad o el ansia 
quieran cada año arrastrarme. 


Ojalá que llueva...


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Escribí este poema hace un par de años, justo cuando pasaba frente a mi balcón la Hermandad de Las Tres Caídas. Cada año lo releo y sigo encontrandome con que me define a la perfección en esta época del año que cada vez me resulta más contradictoria e interesante. Ya es muy tarde, pero puede que mañana hable un poco más sobre esto y siga afianzando mi plaza en el Infierno. Feliz Semana Santa. A todos.