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20 de noviembre de 2011

Leyendo (II)


Atención: Esta entrada puede contener spoilers.

Como os comenté, acabo prácticamente de terminar de leerme Cien Años De Soledad, del gran Gabriel García Márquez. ¿Veis la imagen de arriba? Pues a punto de hacer eso con este monstruo de libro. Deciros que es enorme, es quedarme corta. Me ha encantado, me ha enamorado totalmente y me tenía super enganchada a pesar de haberlo leído con tanta calma y tranquilidad. Nunca antes había leído algo de García Márquez. Y la verdad, si todo lo que tiene me va a parecer tan bueno y me va a gustar tanto, me lo pienso leer todo.

Cien Años De Soledad nos cuenta la historia de toda una saga, la familia Buendía, con todos sus parentescos enrevesados, sus nombres tan recurrentes, sus idas y venidas en el tiempo. Siempre ambientada en Macondo y casi en su totalidad en la gran casa de los Buendía que tantos años y cambios sufre, la obra es mucho más que la simple historia de una familia o de un pueblo. Es una novela, para mi gusto, completa. Me cuesta encontrar algo (que quizás lo haya) de lo que no se hable en ella. El amor en todos sus aspectos. La familia en su más profundo sentido. La pasión, el deseo carnal, los más bajos instintos. La religión, las creencias, la muerte. La sociedad, las relaciones, las apariencias. Las ideologías, los sueños, la guerra. El trabajo, el progreso, el estancamiento.

Todo ello, de la mano de unos personajes perfectamente descritos. Ya no tanto físicamente, que a veces también, pues Gabo no escatima en contarnos por ejemplo el descomunal tamaño del miembro viril (qué fina yo, ¿no?) de algunos de los protagonistas masculinos (muy bien Stella, si las mujeres tuvieran polla ya sería el despiporre el libro éste) (¿véis? ya dije polla, ya decía yo que me estaba conteniendo demasiado con lo malhablada que soy). Pero sobre todo, nos encontramos con personajes bien definidos psicológicamente, cada cual con su radiografía personal hecha con el paso de las hojas.

¿Un personaje favorito? Creo que, sin duda alguna, me decanto por Úrsula Iguarán. Me ha gustado mucho que las mujeres tengan en esta obra la misma importancia a casi todos los niveles que los hombres. Cómo la mayoría han sido mujeres luchadoras, cada una a su forma. Cómo han sido madres, amantes, apoyos, educadoras, protectoras y las responsables de muchas de las cosas que suceden a lo largo del relato. Y Úrsula, con su grandiosa longevidad, su fuerza de voluntad, su convicción y su ingenio, es el mayor exponente del tipo de mujer del que hablo.


También me llamó mucho la atención Remedios la bella. Aunque en este caso mi amor por este personaje no terminó de cuajar ya que su final me pareció, dentro del realismo mágico que impregna la obra, inexplicable y absurdo. Sí, fue un poco chocante para mí que Remedios la bella ascendiese a los cielos en el patio de la casa y desapareciese sin más. Tengo que nombrar también a la siempre oscura Amaranta, a Rebeca rascando paredes y comiendo tierra del patio o a las, para mí, dos grandes protagonistas "de fuera" de la familia: Pilar Ternera y Petra Cotes. Y sin embargo, no he sentido especial predilección por ninguno de los personajes masculinos a pesar de lo emocionante y central de todas sus vivencias.

Recomiendo leer Cien Años De Soledad a todo el que tenga tiempo bastante para prestarle y ganas de disfrutar de una novela rotunda. Es cierto que a veces puedes perderte con tanto nombre igual, con tanto parentesco y con algún que otro salto temporal. Recuerdo que una de las veces estuve un tiempo un poco más prolongado sin coger el libro y me tuve que buscar una genealogía para ubicar entre sus parientes a uno de los tantos Aurelianos que forma esta red familiar sin igual. Pero poco a poco te vas introduciendo en la lectura de tal forma que casi puedes sentirte a ti mismo paseando por entre los personajes como si fueras uno más, como si hubieras acompañado a los fundadores de Macondo en sus largos viajes, como si hubieras entrado en las tiendas de los gitanos, hubieras luchado junto a Arcadio o al Coronel Aureliano en la guerra civil o te hubieras paseado con Meme por el ensanche que surgió con los americanos y la compañía bananera.

Todo ello, y ya para acabar esta entrada, con una explicación final algo inesperada, de esas que me gustan a mí, que me hacen sentir por qué ha merecido la pena invertir mente y tiempo en una obra como ésta. Y con este buen sabor de boca y ganas de leer de nuevo a Gabo (pero dentro de un tiempo), he sacado de la biblioteca Marina, de Carlos Ruíz Zafón. Autor que me enamoró con La Sombra Del Viento, confirmó el idilio con El Juego Del Ángel y que está de estreno de El Prisionero Del Cielo, su nueva novela y la 3ª de una tetralogía que no me pienso perder. Así que como no sé cuándo voy a poder disfrutar de El Prisionero Del Cielo (aún no he podido siquiera comprarme Sexo En Milán ni Hacia Lo Salvaje) he decidido, muy bien aconsejada (¡Hola, asturiana!), quitarme el mono de Zafón con la novela Marina, que con sólo leer una frase que ni siquiera está incluida en el primer capítulo, ya me ha inspirado un post.


Gran regalo para el ser humano esto de la lectura.
Besos con marca.

21 de septiembre de 2011

Habían contraído, en efecto, la enfermedad del insomnio...

[...]

"Fue Aureliano quien concibió la fórmula que había de defenderlos durante varios meses de las evasiones de la memoria. La descubrió por casualidad. Insomne experto, por haber sido uno de los primeros, había aprendido a la perfección el arte de la platería. Un día estaba buscando el pequeño yunque que utilizaba para laminar los metales, y no recordó su nombre. Su padre se lo dijo: 'tas'. Aureliano escribió el nombre en un papel que pegó con goma en la base del yunquecito: 'tas'. Así estuvo seguro de no olvidarlo en el futuro. No se le ocurrió que fuera aquella la primera manifestación del olvido, porque el objeto tenía un nombre difícil de recordar. Pero pocos días después descubrió que tenía dificultades para recordar casi todas las cosas del laboratorio. Entonces las marcó con el nombre respectivo, de modo que le bastaba con leer la inscripción para identificarlas. Cuando su padre le comunicó su alarma por haber olvidado hasta los hechos más importantes de su niñez, Aureliano le explicó su método, y José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde lo impuso a todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó casa cosa con su nombre: 'mesa', 'silla', 'reloj', 'puerta', 'pared', 'cama', 'cacerola'. Fue al corral y marcó los animales y las plantas: 'vaca', 'chivo', 'puerco', 'gallina', 'yuca', 'malanga', 'guineo'. Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que podía llegar un día en que se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad. Entonces fue más explícito. El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: 'Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche.' Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita..."

Extracto de Cien Años De Soledad, de Gabriel García Márquez


21 de Septiembre. Día Mundial del Alzheimer.
Besos con marca.

13 de septiembre de 2011

Leyendo. (I)


Con el nuevo mes y la nueva temporada retomaré las secciones de siempre y empezaré otras nuevas. Volverán vuestros amados "Los Jueves Mujeres" y en este caso, y con esta imagen que encabezará cada entrada de la sección, doy comienzo a "Leyendo" donde hablaré (captain obvious) de lo que me esté leyendo en ese momento y puede que también de Literatura en general si se tercia.

Hoy, por ser la primera entrada, comenzaré con algo grande. Hace unos días empecé a leer Cien Años De Soledad, de Gabriel García Márquez.


Tengo un ejemplar de mi madre como el de ahí arriba que no dice de qué año es, pero ha de ser antes de los 80 porque a pesar de no aparecer por ninguna parte el año de edición, la última obra de Gabo que cita es El Otoño Del Patriarca de 1975. Está descolorido, con las páginas amarillentas, desencuadernadas ya, con ese olor a antiguo que me encanta y las letras muy pequeñas que no sé a vosotros, pero a mí me hacen estar mucho más pendiente y metida en el libro. Lo estoy leyendo muy poco a poco, apenas he avanzado unas cuantas páginas, ya que recuerdo haber cogido esta misma obra hace muchos años y haber tenido que dejarla, porque no pude con tanta información. 


En mi cabeza suena, mientras leo, una voz de hombre maduro, latino, que no sé si será la de Gabo que alguna vez la haya escuchado o la de otro personaje famoso sudamericano, pero me está narrando la historia de forma dulce, tranquila y pausada. Todo muy romántico. Espero no cansarme de la novela, es mi espinita clavada y quiero terminarla, sin prisas y empapándome de toda la historia y la atmósfera de Macondo y sus gentes.

¿Cuántos de vosotros la habéis leído? ¿Qué opinión me podéis dar de ella sin revelar nada de la historia? ¿Me daríais algún truco, alguna pauta a seguir para leerla sin cansarme y comprendiéndola plenamente? Espero vuestras opiniones y espero que poco a poco os guste esta nueva sección.

Besos con marca.