Atención: Esta entrada puede contener spoilers.
Como os comenté, acabo prácticamente de terminar de leerme Cien Años De Soledad, del gran Gabriel García Márquez. ¿Veis la imagen de arriba? Pues a punto de hacer eso con este monstruo de libro. Deciros que es enorme, es quedarme corta. Me ha encantado, me ha enamorado totalmente y me tenía super enganchada a pesar de haberlo leído con tanta calma y tranquilidad. Nunca antes había leído algo de García Márquez. Y la verdad, si todo lo que tiene me va a parecer tan bueno y me va a gustar tanto, me lo pienso leer todo.
Cien Años De Soledad nos cuenta la historia de toda una saga, la familia Buendía, con todos sus parentescos enrevesados, sus nombres tan recurrentes, sus idas y venidas en el tiempo. Siempre ambientada en Macondo y casi en su totalidad en la gran casa de los Buendía que tantos años y cambios sufre, la obra es mucho más que la simple historia de una familia o de un pueblo. Es una novela, para mi gusto, completa. Me cuesta encontrar algo (que quizás lo haya) de lo que no se hable en ella. El amor en todos sus aspectos. La familia en su más profundo sentido. La pasión, el deseo carnal, los más bajos instintos. La religión, las creencias, la muerte. La sociedad, las relaciones, las apariencias. Las ideologías, los sueños, la guerra. El trabajo, el progreso, el estancamiento.
Todo ello, de la mano de unos personajes perfectamente descritos. Ya no tanto físicamente, que a veces también, pues Gabo no escatima en contarnos por ejemplo el descomunal tamaño del miembro viril (qué fina yo, ¿no?) de algunos de los protagonistas masculinos (muy bien Stella, si las mujeres tuvieran polla ya sería el despiporre el libro éste) (¿véis? ya dije polla, ya decía yo que me estaba conteniendo demasiado con lo malhablada que soy). Pero sobre todo, nos encontramos con personajes bien definidos psicológicamente, cada cual con su radiografía personal hecha con el paso de las hojas.
¿Un personaje favorito? Creo que, sin duda alguna, me decanto por Úrsula Iguarán. Me ha gustado mucho que las mujeres tengan en esta obra la misma importancia a casi todos los niveles que los hombres. Cómo la mayoría han sido mujeres luchadoras, cada una a su forma. Cómo han sido madres, amantes, apoyos, educadoras, protectoras y las responsables de muchas de las cosas que suceden a lo largo del relato. Y Úrsula, con su grandiosa longevidad, su fuerza de voluntad, su convicción y su ingenio, es el mayor exponente del tipo de mujer del que hablo.
También me llamó mucho la atención Remedios la bella. Aunque en este caso mi amor por este personaje no terminó de cuajar ya que su final me pareció, dentro del realismo mágico que impregna la obra, inexplicable y absurdo. Sí, fue un poco chocante para mí que Remedios la bella ascendiese a los cielos en el patio de la casa y desapareciese sin más. Tengo que nombrar también a la siempre oscura Amaranta, a Rebeca rascando paredes y comiendo tierra del patio o a las, para mí, dos grandes protagonistas "de fuera" de la familia: Pilar Ternera y Petra Cotes. Y sin embargo, no he sentido especial predilección por ninguno de los personajes masculinos a pesar de lo emocionante y central de todas sus vivencias.
Recomiendo leer Cien Años De Soledad a todo el que tenga tiempo bastante para prestarle y ganas de disfrutar de una novela rotunda. Es cierto que a veces puedes perderte con tanto nombre igual, con tanto parentesco y con algún que otro salto temporal. Recuerdo que una de las veces estuve un tiempo un poco más prolongado sin coger el libro y me tuve que buscar una genealogía para ubicar entre sus parientes a uno de los tantos Aurelianos que forma esta red familiar sin igual. Pero poco a poco te vas introduciendo en la lectura de tal forma que casi puedes sentirte a ti mismo paseando por entre los personajes como si fueras uno más, como si hubieras acompañado a los fundadores de Macondo en sus largos viajes, como si hubieras entrado en las tiendas de los gitanos, hubieras luchado junto a Arcadio o al Coronel Aureliano en la guerra civil o te hubieras paseado con Meme por el ensanche que surgió con los americanos y la compañía bananera.
Todo ello, y ya para acabar esta entrada, con una explicación final algo inesperada, de esas que me gustan a mí, que me hacen sentir por qué ha merecido la pena invertir mente y tiempo en una obra como ésta. Y con este buen sabor de boca y ganas de leer de nuevo a Gabo (pero dentro de un tiempo), he sacado de la biblioteca Marina, de Carlos Ruíz Zafón. Autor que me enamoró con La Sombra Del Viento, confirmó el idilio con El Juego Del Ángel y que está de estreno de El Prisionero Del Cielo, su nueva novela y la 3ª de una tetralogía que no me pienso perder. Así que como no sé cuándo voy a poder disfrutar de El Prisionero Del Cielo (aún no he podido siquiera comprarme Sexo En Milán ni Hacia Lo Salvaje) he decidido, muy bien aconsejada (¡Hola, asturiana!), quitarme el mono de Zafón con la novela Marina, que con sólo leer una frase que ni siquiera está incluida en el primer capítulo, ya me ha inspirado un post.
Gran regalo para el ser humano esto de la lectura.
Besos con marca.






