Qué más da.
"Qué más da el sol que se pone o el sol que se levanta,
La luna que nace o la luna que muere.
Mucho tiempo, toda mi vida, esperé verter surgir entre las nieblas monótonas,
Luz inextingible, prodigio rubio como la llama;
Ahora que te he visto sufro, porque igual que ellos
No has sido para mí menos brillante,
Menos efímero o menos inaccesible que el sol y la luna alternados.
Mas yo sé lo que digo si a ellos te comparo,
Porque aún siendo brillante, efímero, inaccesible,
Tu recuerdo, como el de ambos astros,
Basta para iluminar ausente toda esta sombra que me envuelve."
de Los Placeres Prohibidos
Luis Cernuda (1931)
Vuelvo. Como pasa siempre. Vuelvo al pasado. Vuelvo a Cernuda, mi más fiel compañero, que nunca me falla y tiene siempre las palabras exactas para mí, ochenta años más tarde. Vuelvo a ella que es la herida y el alivio, el puñal y la carne en que se hunde, el hielo abrasador y el fuego helado del poeta. Ya no sé si es un ejercicio de masoquismo programado o el mejor remedio para la sombra como dice el poema. Lo que sé es que está ahí y se aprovecha de las ausencias, de las flaquezas, para trepar por ellas estrangulando los muros que intentan contenerla. Lo más arraigado que tengo en mi vida, como un mal vicio del que ni puedo ni quiero ni sé deshacerme. Tabaco y Chanel. Como la obra de Penélope, tejer y destejer. Ajena a todo y tan culpable a la vez. Mi epifanía y mi muerte. El principio y el fin.
No se va, no se olvida.
Besos con marca.


