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10 de abril de 2012

A ritornello.

Qué más da.

"Qué más da el sol que se pone o el sol que se levanta,
La luna que nace o la luna que muere.

Mucho tiempo, toda mi vida, esperé verter surgir entre las nieblas monótonas,
Luz inextingible, prodigio rubio como la llama;
Ahora que te he visto sufro, porque igual que ellos
No has sido para mí menos brillante,
Menos efímero o menos inaccesible que el sol y la luna alternados.

Mas yo sé lo que digo si a ellos te comparo,
Porque aún siendo brillante, efímero, inaccesible,
Tu recuerdo, como el de ambos astros,
Basta para iluminar ausente toda esta sombra que me envuelve."

de Los Placeres Prohibidos
Luis Cernuda (1931)



Vuelvo. Como pasa siempre. Vuelvo al pasado. Vuelvo a Cernuda, mi más fiel compañero, que nunca me falla y tiene siempre las palabras exactas para mí, ochenta años más tarde. Vuelvo a ella que es la herida y el alivio, el puñal y la carne en que se hunde, el hielo abrasador y el fuego helado del poeta. Ya no sé si es un ejercicio de masoquismo programado o el mejor remedio para la sombra como dice el poema. Lo que sé es que está ahí y se aprovecha de las ausencias, de las flaquezas, para trepar por ellas estrangulando los muros que intentan contenerla. Lo más arraigado que tengo en mi vida, como un mal vicio del que ni puedo ni quiero ni sé deshacerme. Tabaco y Chanel. Como la obra de Penélope, tejer y destejer. Ajena a todo y tan culpable a la vez. Mi epifanía y mi muerte. El principio y el fin.


No se va, no se olvida.
Besos con marca.

20 de marzo de 2011

En qué mala hora.

"Alrededor de mi desnudez, veo tanta gente que no ve que ahora soy huesos y piel por ti. Detrás del sol, nubes de dolor, noches que no amaneció, sombras que desteñirán pasión. Mentiras de verdad para escapar de la realidad cada vez que vuelves. Y me escondo en tus brazos, sueño que todo va a cambiar cuando se acabe este eclipse. Me escondo a tu lado para robarte el corazón si los ángeles se rinden. 


Me enredaré en la misma red, sabes que no resistiré, pero hoy será por placer. Me quedaré clavado en mi cruz mientras tú cantas ese blues de los amores que jamás puedes romper. Entre mi espada y mi pared sólo hay una mujer para siempre. Me escondo en tus brazos, sueño que todo va a acabar cuando se acabe este eclipse. Me escondo a tu lado para robarte el corazón si los ángeles se rinden.

Grita al viento sin voz, se borrará del cielo el color, y seré como un náufrago. Sin ti, en medio de esta inmensidad..."


Alejandro Parreño - Si Los Ángeles Se Rinden

De esas canciones que vienen en el momento oportuno. O en el menos indicado, según se mire. El cuerpo destrozado por la actividad y la mente a pleno rendimiento. Ni las historias ajenas en forma de película. (La Puta Y La Ballena, ya hablaré de ella.) Que yo me iba a ir a la cama, pero algo me impulsaba a hacer esto. Si lo echo fuera, luego todo es más sencillo, que lo sé yo. Como cuando tienes una indigestión y te quedas mejor cuando lo vomitas todo. Abre el grifo de los sentimientos, de los recuerdos, de las oportunidades perdidas. Los fuera de lugar, las palabras al viento, las ilusiones, las pesadillas, las taquicardias, los consejos, los defectos, los excesos. Y déjala correr...

Besos con marca.

18 de marzo de 2011

Una raya en el agua.

(Escrito en la madrugada del Jueves al Viernes.)

¿Es la vida así y ya está? Quiero decir... Las cosas que pasan, que nos pasan, ¿han sucedido porque era la única manera en que podían pasar? Antes era de esas que lo pensaba, pero hace un tiempo que no me gusta creer que el destino ya está escrito y que no tenemos ninguna voluntad sobre lo que pasa. Que todo lo que decidimos ya estaba programado en algún tipo de orden cósmico, celestial o terrenal. Que no tenemos potestad sobre nada.

Casualidad versus destino. ¿Quién gana? ¿Quién pierde? ¿Son rotundos y excluyentes entre sí? ¿Pueden alternarse armoniosamente en nuestras vidas? ¿Cómo sabemos cuál entra en juego en cada momento? 

Habrá gente que crea que soy un poco gilipollas al pensar en estas cosas. Pero qué le vamos a hacer, mis defectos me hacen aún más encantadora. (¡Y tiene a sus dos abuelas vivas, señores!) No, en serio, yo soy mucho de pensar en este tipo de temas, en rumiar y rumiar estas ideas aunque no llegue a ninguna conclusión. Y no te digo ná si me meto en el fango del poder de la mente, que también me ronda a veces la ídem...

Hoy ha sido uno de esos días llenos de casualidad versus destino en cantidades industriales. Y si me apuráis, hasta telepático. No sé exactamente cuando me invadió, pero he tenido todo el tiempo una sensación extraña en el cuerpo de presentimiento, de saber que algo iba a pasar. De estómagos llenos de electricidad, de antenas en alerta. De mentes atrayentes y mentes sincronizadas.

Verla a través de una pantalla no era más que un preludio de lo que pasaría luego. Una señal para mí. Es aquí cuando empiezan las contradicciones. ¿Pasó sin más como podría no haber pasado? ¿Sucedió porque ya estaba destinado a suceder? ¿O es que de tanto pensar que pasaría propicié que pasara? 

¿Por qué pasé de largo y mis dos manos se quedaron en los bolsillos? ¿Por qué solo crucé mi mirada con la de ella y no palabras si tengo tanto que decirle? El cristal en medio, como la pantalla. Un par de años de espera para poner el contador de nuevo a cero con nada entre las manos o las piernas.

Y yo, en voz alta y el cuerpo en vuelco, "lo sabía, lo sabía, lo sabía..."


Besos con marca.

PD: Todo esto no tiene nada que ver con las entradas anteriores. Otra historia distinta que siempre ha estado ahí, que puedo hacerla dormir durante un tiempo pero que irremediablemente siempre vuelve a despertar.

7 de noviembre de 2010

Lo expulsas, te limpias y a otra cosa.




Hablo de ti y se me llenan las teclas a partes iguales de amor, recuerdo, añoranza y melancolía. Eres mi tema recurrente si me nombran el amor y se me aviva el fuego que nunca se ha apagado. Por muchos años que puedan pasar. Daria cualquier cosa por revivir mi fugacidad contigo. Por soñarte cada noche y que el regusto a ti me dure todo el día, ya que últimamente solo te veo cuando duermo. Llevo pegadas a la vida casi todas las palabras que han salido del humo de tu boca y me resulta curioso como algo tan efímero puede retumbar tanto, durante tanto tiempo, chocar y rebotar con y contra las cavidades resonantes de mi cuerpo. Me descoloca que las frases que se pasearon en un instante por tus labios no me abandonen nunca, que no se evaporen y acaben por marearme cuando se ponen a dar vueltas, casi haciéndome tambalear. Fortuna en mis pulmones.

Estela R.G.
2 de Noviembre de 2010


Acaba la semana y acaba una etapa mía con ella. Esta vez de verdad. Y sólo por mí.
Besos con marca.

2 de noviembre de 2010

Esos momentos de inspiración que te cogen con el Word abierto.



"Restauración"

Bálsamo efímero de rosa mosqueta,
invisible cicatriz que no mejora.
Recordatorios absurdos, marcas de guerra,
buscar la cura en diferentes piernas.
Futuras conquistas, clavar mis banderas,
polvos que cubran mis pieles desiertas.

Mudar la piel en retorcidas posiciones,
el frío de unas sábanas desconocidas.
Desencuentro inicial de posturas,
encontrar el nuevo punto de partida.


Estela R. G.
30 – X - 2010


Dejo aquí este intento de poema tan en futuro mientras tengo abierto un documento de texto en el que escribo tan en pasado sobre una historia que a pesar de haberse quedado en un intento de casi nada, sigue arraigada a mí, formando ya parte de mí misma, de lo que soy, de como soy. Es así, contradicción pura. Pero supongo que es lo que pasa con las cosas que siento que no están resueltas. Que no me puedo deshacer de ellas por mucho tiempo que pase. Menos si estás ahí sin estar, si te nombran, si mi cabeza se empeña en recordarte y si yo, obstinada, creo que todavía tengo algo que hacer.


Como la madeja de Ariadna, que siempre me lleva al principio del laberinto.
Besos con marca.

9 de abril de 2009

Los jueves, mujeres. 9: La Virgen María (y José).

Desvelada. Las cinco de la mañana. Los pájaros cantan. Es Jueves Santo. He fumado un cigarro que le he quitado a mi madre y he bebido mucha agua porque el cigarro me ha dado asco. Ahora me duele el estómago y tengo náuseas. Creo que en cualquier momento podría vomitar sobre el teclado. Me he saltado la dieta y me siento asquerosa. Pero a la vez me gusta cómo me veo ahora mismo, me gustan las piernas que me hacen las mallas y me gusta ir de negro. Me gustan los músculos de mis brazos y el poco peso que llevo perdido. Y aún así, me sigo dando asco.

También me duelen los pies. He andado mucho hoy sobre unos tacones en un arranque de vanidad. Busco vanidad en la RAE porque no sé si el significado es apropiado para lo que quiero decir. Me siento la cara sucia porque algunas lágrimas han arrastrado maquillaje que debería haber quitado. Me siento sucio el pelo porque el fijador que intentaba crear un peinado esta tarde me lo deja duro. Me siento sucia en general porque me ha venido la regla cuando aún no me tocaba y la odio.

Miro fijamente la pantalla y se me nubla la vista. Puedo dejar la mente por unos instantes vacía. Es raro. Yo no sé dejar la mente en blanco. Pero por unas décimas de segundo soy capaz de conseguirlo, antes de que el sabor del cigarro vuelva.

No sé si ella habrá dejado de fumar, pero me imagino un beso suyo y creo que sabe a tabaco. Recuerdo haber ido con ella a comprar tabaco en una ocasión. Sentía el corazón palpitar fuerte contra mi pecho. Qué excitante y prohibido. Me sacó del instituto para hablar sin que nadie nos molestase y fuimos a un estanco que hay cerca. Desde entonces ese estanco me recuerda inevitablemente a ella.

Y el tabaco. Y los besos con sabor a cenicero. Y el instituto. Y la Semana Santa. Y el centro de Huelva. Y Huelva entera.

Y no consigo despegarme de los poros el olor de su pelo. Y si miro al frente sólo veo sus labios, que son tan finos que en otra mujer no me hubieran gustado. Y si me quedo en silencio sólo escucho su voz como si proviniera de los auriculares que llevo puestos y que están en silencio. Y me veo en esta tarde diciéndole que quiero irme de aquí. Y ella me anima. Y si me anima, yo me muero. Y hoy he muerto varias veces porque lo que quería oir era un "quédate conmigo" de su boca.

Porque cuando le dije que sólo una persona podría retenerme aquí, me refería a ella. Porque no era mi madre. Porque la habría empujado contra la puerta de esa tienda donde estaba y la habría besado. Y me la habría follado allí mismo, me la habría comido, si se hubiera dejado.

Pero ella me anima a que me vaya de aquí. Cuando le digo que me iría con la primera persona que me dijera que me va a llevar a un sitio nuevo, me refiero a ella. Pero ella me anima a que me vaya.

Y yo me voy. Le doy dos besos y algo parecido a un abrazo y empiezo a morir en el momento en el que, como tantas otras veces, me separo de ella. Y me pongo desde un sitio donde pueda verme por si se le ocurre lanzarme una mirada, yo no pueda perdérmela. Y no me mira. Y se me rompe el corazón un poco más con cada paso que avanza la procesión y cada minuto que pierdo de estar con ella.

Y me doy cuenta realmente de la envergadura de la mierda que es esta situación y de lo que tengo que hacer para que se acabe: IRME. Y además sé que ella me anima.