Llegaste ayer por la tarde, lo sé, me retraso un poco en darte la bienvenida. Sabes que este año no tenía ganas de que volvieses, aunque pararte fuera imposible. Hoy has confirmado tu llegada con las primeras lluvias en mi ciudad y ha sido en ese momento cuando me he mentalizado. Ya estás aquí.
En realidad ayer ya tuve la sensación de que te estabas instalando a mi alrededor. Y en mi corazón. Estaba teniendo un día de esos raros, de los que no sé qué hacer conmigo, que todo me sobra y todo me falta. Y la tarde estaba perfecta, ¿la viste? Claro que la viste, fue tu primera tarde aquí, aunque estuvieras atareada con la mudanza. Salir con la perra a pasear, buena temperatura, la compañía de una amiga, la llamada de esa chica que me hace alargar mis pasos y cambiar mi rumbo...
Tú también saliste. Tenía la extraña sensación de que me iba a encontrar contigo al doblar cualquier esquina, como sabes que me pasa a veces. Bueno, quizá no lo sepas, como tantas cosas hay que no sabes sobre mí. Puede que simplemente el hecho de pensar que nos íbamos a cruzar propiciara el momento. Otra de esas cosas que nunca sabré a ciencia cierta. Como el color de tus ojos cuando despiertas a medianoche. Como el sabor de tu café recién hecho.
Y cuando ya no pensaba en nada ni me acordaba de que estábamos entrando en tu estación, apareciste. Preciosa. Escoltada como la princesa que eres y que no te crees. Rubia como las hojas que mudan a tu paso. En el vestido, ondeando, los colores del verano que te llevas. Flotando te posaste dos segundos sobre mí. Uno. Luego otro.
Volviste a tocarme sin saberlo, querida Otoño.
Sin remedio."
Besos con marca.
