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8 de diciembre de 2013

Me arriesgaré a que me marques.

Todos los gemidos que tienes pendientes.

Quiero rodearte con mis palabras
y que todas las onomatopeyas de deseo que conozcas
salgan disparadas por tus poros
cuando el roce de mi pecho desnudo por tu espalda
sea lo más casto que nos propongamos en toda la noche.

Que tu sudor haga en mi piel
la más bella obra de arte
y mi alimento durante días
sea el aire que respiras en mi boca
al pedirme entre besos que no pare.

Y parar es lo que menos se me ocurre
cuando tus labios me llaman
de esa maldita forma en que sólo ellos saben
y mis manos, a veces torpes,
consiguen arrancarte de la piel
todos los gemidos que tienes pendientes.

Estela R. G. 
06 de Diciembre de 2013


Tenía este poema en un borrador del móvil y ayer, al escribirlo en un documento de texto en el portátil, no sabía si publicarlo porque no sabía si tocarlo o dejarlo tal cual. Y al final, aquí está. Tal como me vino a la mente. Porque por una vez he decidido que se acabó el pensar. Porque por una vez he decidido que comienza el sentir. El vivir. Tal como venga. Lo que dure esta felicidad inesperada que has creado de la nada y has ido poco a poco colando por las rendijas de mi vida como la luz de un nuevo día se cuela por las persianas queriendo descubrirlo todo.

Porque nunca he deseado tanto un lunes.
Porque me arriesgaré a que me marques.


Besos con marca.

20 de septiembre de 2013

Desastres cotidianos.

Hay gente que
con los ojos
escribe mapas en los cuerpos que se les antojan prohibidos.
Trazan las rutas que sus manos se imaginan
completando punto por punto.
Lunar por lunar.

Hay manos que
con caricias
proclaman al tacto verdades silenciosas.
Sentencias agazapadas en los labios
que no se atreven a salir.

Hay bocas que temblorosas
maquillan las noches en vela
orientándose a golpe de suspiro
con cada roce de palabra susurrada.

Hay olores que se pegan a la vida
y cuentan las historias que han conseguido
atravesar párpados incrédulos.
Corazas destruidas por el roce de un aroma en forma de memoria,
de humo de tabaco rubio como tú.

Hay mundos que están patas arriba por sólo una sonrisa
del revés.
Por una foto velada que lo dice todo
y miradas escondidas tras unas gafas de sol
que inspiran piernas cruzadas y pechos abiertos.

Hay batallas fortuitas como las arrugas que se despiertan
a ambos lados de tus labios
cuando te imagino diciéndome que no.
Pero nuestros reencuentros no lo serán nunca mientras me quede,
al menos, un poco de locura
entre tanto desastre cotidiano.

Estela R. G.
18 – IX – 2013

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Hacía mucho que no escribía algo así. Que no sentía la necesidad de acariciar las teclas sintiendo salir las palabras que se me agolpaban en el pecho. Que no me atascaba al final del poema porque ninguno de los versos que se me ocurrían eran demasiado buenos para ella. Pero es que también hacía tiempo que no se acercaba el Otoño.

Como también hace tiempo que no sé
lo que es verme reflejada en tus ojos.


Besos con marca.

17 de agosto de 2013

La gran mentira.

Alicia, la del País de las Maravillas, no era rubia.


A saber en qué más cosas nos mintieron... Como que íbamos a acceder a todo lo que nuestros padres no pudieron. O que de amor nadie se muere. Hasta que descubres la gran mentira de morirte un poco cada día porque su piel no es lo primero que te toca al abrir los ojos por las mañanas, cuando empiezas una nueva jornada de esa vida que dista mucho de la que soñaron para ti.

Besos con marca.

21 de septiembre de 2012

Ficciones. (II)


"Me siento entre tus piernas, de espaldas a ti. Me dejo caer cómodamente sobre el cojín que he colocado en la mesa que tenemos delante y te pido que me mimes. Primero me abrazas. Y siento latir tu corazón cuando apoyas contra mí tu cara y tus pechos. Juegas con mi pelo, sabes que me encanta. Lo acaricias, lo desenredas, lo dejas caer suavemente... Me haces una trenza sólo por el placer de deshacerla. Me gusta cuando pones las puntas de los dedos en mi frente y con ellas recorres hacia atrás toda la cabeza y la melena hasta las puntas. Punta a punta. Ahora hundes tus manos, me masajeas la cabeza y sabes que yo ya no estoy ahí, que es una de las cosas que más me agrada en el mundo.

Te acercas con cuidado a mi oído y me susurras si puedes quitarme la camisa. Asiento con la cabeza, estoy demasiado relajada ya como para poder hablar. Pasas tus manos alrededor de mis caderas, desabrochas poco a poco los botones, subiendo. Haces caer la prenda despacio, como un elemento más de este juego de relajación. Una tiranta del sujetador. La otra. El broche fuera y toda mi espalda a tu disposición.

Subes y bajas por mi nuca, haciendo presión con los pulgares. Te centras un rato en mis hombros, amasando los trapecios, desanudando todo el estrés que siempre se me carga en esa zona. Desciendes un poco por la espalda, señalando el contorno de los omóplatos. Arriba, abajo, arriba, abajo. Haces algo parecido en el centro, a ambos lados de la columna, pero con mayor suavidad. Y es así, suavamente, como acaricias toda mi espalda, casi imperceptiblemente, como si me envolviera una cálida brisa.

Me estremezco cuando decides hacer lo mismo pero con tus uñas y llegas hasta donde empieza mi falda. Se te escapa una sonrisa al ver que toda mi piel se ha erizado con este nuevo tacto. Tímidamente vas abarcando más piel, saliéndote hacia los bordes de la espalda, acariciando el trocito exacto de piel donde nacen mis pechos. Ronroneo.

Tus brazos me rodean y se anudan a mi alrededor a la altura del vientre. Ahora son tus labios los que me tocan, los que hacen un pequeño recorrido inicial para reconocer el terreno, dando pequeños besos primero, otros más húmedos después. Soplas aquí y allá, donde ves que me has mojado cuando te has atrevido a enseñarme la lengua. Me muerdes un costado y siento cómo una de tus manos se ha colado entre mis piernas y quiere deshacerse de mi falda.

Entiendo que esto ya ha dejado de tratarse de relax, pero no me importa.


Quizá os lo cuente otro día."
Besos con marca.

PD: Esto es lo que pasa cuando no puedes dormir, te da por escribir, por imaginar y eres una mimosa perdida. Dulces sueños.