Voy camino del IES donde doy las sesiones de Educación para la Salud medio con la lengua fuera. Entre que se me ha hecho un poco tarde por presumida y que sigo congestionada después del mal fin de semana que he pasado con la alergia, iba que ni veía. En un banco hay un grupo de señoras, de esas propias de grupos de Facebook. Un de ellas se me acerca.
-¿Tienes un momentito, hija?
-No, señora, tengo prisa.
Era la típica de la revistita de "dios te ama", "deja tu dinero en nuestra parroquia", que no tendrán casa que limpiar, nietos que cuidar, ganchillo que hacer, petanca que jugar o qué sé yo, pero dedican sus mañanas a eso. Las odio. Segundo intento de acercamiento por su parte..
-Pero si sólo te va a llevar unos minutos. (Le da igual que casi no me haya parado a decirle que no puedo, se pone casi a mi nivel a andar.)
Me paro en seco.
-Mire, señora. Soy atea, lesbiana, socialista y encima, voy a dar una charla de Sexualidad a un colegio, ¿quiere usted seguir hablando conmigo?
Silencio sepulcral. La cara se le pone de cuadros, rayas y colores varios.
-Buenos días, señora.
Y me fui.
Besos con marca.